¿Haremos algo más que declaraciones para frenar la Crisis Climática?

Aclaro, en primer lugar, que comparto plenamente el concepto de “responsabilidad compartida pero diferenciada” que se recogía en el Convenio sobre Cambio Climático aprobado en la Cumbre de Rio de 1992 y recuerdo también que son las personas que menos emiten, las más vulnerables, las que con más intensidad están soportando el sufrimiento y los efectos negativos de la Crisis Climática.

En los últimos meses vemos en algunos países una creciente movilización de base, débil aún en nuestro país, denunciando la inactividad de nuestros gobiernos frente a la crisis ecológica que estamos sufriendo. Movimientos como el Fridays For Future protagonizados por las jóvenes, con Greta Thunberg como cabeza e icono, y Extincion Rebelion, con denuncias más amplias y composición de edad diversa, con fuerte asentamiento en Gran Bretaña.

En esta misma dirección el parlamento del Reino Unido, a instancias del partido Laborista aprobó el pasado uno de mayo una moción declarando la Emergencia Climática. Esta propuesta, que fue aprobada sin votar, expresaba el deseo de la Cámara de Los Comunes, pero el gobierno no tiene obligación legal de actuar. Previamente muchas ciudades británicas como Londres y Manchester ya lo habían hecho, como también lo habían hecho los gobiernos de Escocia y Gales y posteriormente se han sumado Irlanda, Canadá y Francia.

Una de las primeras consecuencias es que algunos grandes medios de comunicación como The Guardian o la Agencia EFE, y la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) deciden cambiar su léxico y sustituir Cambio Climático por Emergencia Climática o Crisis Climática y Biodiversidad por Vida Salvaje.

Esta declaración no se concreta más que en la intención se ser neutrales en sus emisiones o casi 0 para 2050 de gases de efecto invernadero. Simultáneamente estos países dedican cuantiosos apoyos económicos al uso y exportación de combustibles fósiles.

Me vais a permitir que exprese mi desconfianza sobre que estas declaraciones sean más que una medida cosmética de respuesta a las movilizaciones y esta desconfianza se asienta en la experiencia de lo ocurrido hasta ahora con procesos anteriores: La firma de Convenio sobre Cambio Climático de la ONU, el Protocolo de Kioto, los Acuerdos de Copenhague, los Acuerdos de París las Agendas XXI, el Pacto de Alcaldes, las 24 reuniones de la COP incluida la decepcionante reunión preparatoria de la COP 25 celebrada el mes pasado en Bonn en la que Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudita y Kuwait han cuestionado que se tenga en cuenta el informe del IPCC sobre 1,5ºC

Ya en un artículo anterior publicado aquí expresaba mi desconfianza con que a pesar de todas estas declaraciones y acuerdos nos acerquemos ya a las 500 ppm de CO2eq en este año y es que 2018 se quedó en 493 ppm de CO2eq

La aceptación de la “responsabilidad compartida pero diferenciada” me lleva a recordar que 100 grandes corporaciones eran responsables del 71% de la emisiones en 2017. Creo que hacía ellas también deberíamos señalar y ver si nuestros representantes políticos tienen voluntad y capacidad de embridarlas.

Así mismo deberíamos cuestionarnos si estamos dispuestas a prescindir de buena parte de los beneficios de los que disfrutamos la ciudadanía de los países enriquecidos por las actividades de estas corporaciones y gobiernos, como el combustible barato para nuestros coches, los empleos de las fábricas de automóviles, los vuelos que traen a nuestro país 83 millones de turistas, los miles de kilómetros de autovías, la ropa que llega de Asia o África a los comercios que hemos invadido en las rebajas y que llenan nuestros armarios gracias a los bajos salarios, calidad de empleo en esos países y bajo precio del transporte hasta nuestras ciudades. Así un largo listado.

Y es que además nuestros gobiernos hacen gala de la reducción de emisiones cuando en realidad hemos desplazado a otros países la producción de bienes, desplazando así también las emisiones de los bienes que disfrutamos.

Es esta la realidad que no se tiene en cuenta, que se oculta, cuando gobiernos y economistas nos cuentan de que la economía se puede desacoplar de las emisiones de gases de efecto invernadero o se habla de que estamos rebajando la intensidad energética de nuestras actividades económicas.

Difícil tarea la que tenemos por delante si realmente queremos afrontar la Emergencia Climática, si realmente estamos dispuestas a que exista un futuro digno de ser vivido por las generaciones que están irrumpiendo en nuestro mundo y las que llegarán, no solo a los países enriquecidos si no a todo el Planeta.

No hay Planeta B al que huir pero si puede haber Plan B si somos capaces de ver que tenemos un fallo insoluble de sistema.

Inicialmente publicado en Contra Información

José Larios Martón

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